domingo, 14 de septiembre de 2008

Ciencia acelerada

Por Daniela Casaretto



La historia literaria almacena cientos de páginas que narran las más fantásticas e increíbles ficciones. Divagues o presagios, lo cierto es que los más lunáticos clásicos de ciencia ficción parecen ser hoy meras ingenuidades. La realidad quizás supere a la ficción. La ciencia se ha decidido a competir con Dios y las expectativas son ambiciosas.


Desde el miércoles, el Gran Colisionador de Hadrones (LCH, según sus siglas en inglés) comenzó a funcionar en la frontera entre Suiza y Francia a 100 metros bajo tierra. 6.000 físicos e ingenieros de todo el mundo, allí reunidos, festejaron el exitoso debut del acelerador de partículas. No es para menos, considerando los alcances de este emprendimiento. Los científicos esperan recrear los orígenes del Cosmos. Misterios ancestrales, enfrenta la ciencia, con el desafío de simular, aunque sea en pequeña escala, las condiciones en que se encontraba el Universo tras una millonésima de millonésima de segundo de existencia, unos 13.700 millones de años atrás. En pocas palabras, el hombre se ha propuesto recrear el Big Bang.

La llamada “máquina de Dios” pasó casi desapercibida en el maremoto tecnológico que hoy nos inunda. Los medios, poca mención hicieron de esta colosal producción de 27 km de diámetro y 6.000 millones de dólares invertidos en casi 20 años de dedicación. Quizás un Mp6 hubiera seducido los sentidos de muchos más consumidores. Sin embargo, no parece tratarse de una tecnología del montón. Muchos científicos hablan del inicio de una nueva era. Alcanzar la velocidad de la luz, lograr temperaturas 100.000 veces superior a la del Sol, crear pequeños agujeros negros, se han vuelto lugares comunes para la comunidad científica. Al margen, permanece el resto de la humanidad.

Las polémicas existen. El Consejo Europeo para la Investigación Nuclear (CERN) y el gobierno de EE.UU. fueron denunciados por los riesgos que conlleva el LCH. Muchos creen que la máquina de Dios generará pequeños agujeros negros cada vez más potentes que podrían aspirar el planeta entero. Centenares de ambientalistas rechazan el proyecto por las consecuencias catastróficas subyacentes.

Esta máquina es su propio prototipo. Las previsiones pueden, entonces, no ser del todo confiables y sufrir graves desviaciones. Por el momento, físicos y científicos brindan enorgullecidos de su más reciente y soberbia criatura mientras ríen de los escandalosos tremendistas que fabulan el fin de los tiempos.

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